Crónica: Óscar… un cumpleaños, una peda

Fue aquel seis de mayo de 2007. Mi fiesta, mis amigos, mi chupe… mi cumpleaños. Y debo aceptarlo, nunca fui muy ducho para eso de la bebida, y los invitados lo sabían.

Comenzamos a eso de las nueve de la noche, todo en paz y en calma, con música moderada; ya saben, un poco de esto, un poco de aquello, y casi al final, un poco de salsa, aunque de eso ya no supe.

Ni fueron tantos los invitados, ni tanto el alcohol… ¿Entonces, qué pasó? Pasó que el del cumpleaños se emborrachó. Se hizo la vaquera y salimos a la tienda, compramos dos botellas de Smirnoff, jugo de uva y de naranja, también algo de botana. Regresamos al depa, abrimos las botellas y empezó la fiesta. Estaban los que tenían que estar, Paco, Quecha, Nuvia –nuestra roomie-, Azaléa –novia de Paco–, Amador, Lilián y por supuesto su novio ¿o su ballena? ¡Ah! pero eso sí, también estaba… el César.

Qué fiesta caray, de haberla disfrutado seguro me habría gustado, pero pues así les pasa a los que cumplen años. El final de mi presencia empezó cuando de repente, sin saber de quién ni de dónde, se escuchó, al tiempo que la música paró “¡fondo, fondo, fondo, fondo!” (te maldigo voz misteriosa, voz sin rostro, voz del diablo) y así fue que tuve que tomarme un “fondo” con cada uno de los invitados. Al poco rato (muy poco, no pasaban de las once) el beodo cumplea-“ñero” estaba dando una entrevista (¿con quién a ver?) sobre el “deber ser” de las mujeres, pláticas de borracho y de borracho dolido pues no tenía mucho que habían tronado con mi ex. Claro, por un wey que por supuesto no era más que su querido amigo, al menos eso di a entender ¿verdad Quecha?

Pero bueno, el vituperio hacia lo femenino se prolongó por más de 20 minutos y poco a poco el recuerdo me lleva a un espacio en el campo, con ninfas bailando alrededor de un árbol y después, mi humanidad entera asida a una cubeta, sentado al pie de mi cama, con la cabeza agachada y rogando a Dios que el pedo se me bajara. ¡Oh gran error acostarme en la cama! Vueltas y vueltas, y los consejos, esos que dicen sobre “hacer tierra” no sirvieron, así que seguí recordando a mi tierra y adorando al ídolo de plástico, y troqué y troqué  (sí, así se dice vomitar en Oaxaca).

Eran las doce dicen las malas lenguas, eran las doce cuando abandoné la fiesta, despidiéndome de mis invitados que venían de Puebla, tirado, pidiendo perdón por no poder acompañarlos a la puerta. Bailaron salsa y cantaron, fueron felices en mi ausencia, se divirtieron y bebieron; yo los maldije hasta el cansancio, maldije mi suerte, también maldije al trago.

Al despertar por la mañana no sólo me encontré con la resaca sino también con el piso negro de la casa, los vasos sin acabar, las botellas destapadas, el jugo lleno de colillas y al fondo, llegando al balcón, vi al Quecha tirado, con la luz del día en la cara y como quien ha trabajado, descansando, descansando de aquella trágica (para mí) pero memorable peda en Calzada de Tlalpan…

~ por Iván Quecha Reyna en octubre 9, 2008.

3 comentarios to “Crónica: Óscar… un cumpleaños, una peda”

  1. no manches k loka historia, pero el k pareciera el del cumple es el kecha jojojojo inches borrachos, ta bien k se diviertan jojojo saludos a todos

  2. jjajajajaj que barbaridad, ahora si me sorprendio oscar, se ha vuelto todo un escritor no!!!!, pero como bien habian dicho el del cumple bien parecio haber sido quecha.. jajaja de todos modos se divirtieron no…. pero llevensela leve e…

  3. jaja ya había escuhado esta historia!!
    q pasó amigo? hubieras practicado antes levemente…
    q buena fiesta!!

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